viernes, 1 de junio de 2012

EL MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL DE NÁPOLES

La sensibilidad de cada persona es como un radar selectivo que capta aquello que le gusta y lo que no y del resultado depende que ante una experiencia novedosa sienta una gama de sentimientos que se sitúan entre el éxtasis o el horror. El radar se calibra con la educación, las experiencias previas y tiene conexiones con la memoria de los sentimientos y las sensaciones ante situaciones parecidas. Mientras más siente, ve, prueba, huele y vive uno, más capacidad de disfrutar y discriminar la maravilla de las cosas. Lo mismo que es dificil para alguien ajeno a la Semana Santa de Sevilla entender el por qué para mucha gente es tan especial, tan diferente cada año aunque repita recorrido, cada paso, cada imagen, cada marcha, cada esquina, cada aroma, cada palio, cada perspectiva se reconoce como distinta y se aprecian y disfrutan los detalles, las diferencias, que se captan sólo si lo has disfrutado desde niño, con tus padres, con tus amigos, si has vivido la hermandad, si has participado de su historia diaria. Los que no tenemos ese bagaje detrás lo disfrutamos, pero no con esa pasión.
Mi pasión son los viajes y con cada visita, con cada paisaje, con cada escenario, se exacerban mis sentidos, mi sensibilidad se expande y capto el detalle, el matiz, la sutil diferencia que lo hace especial, único en el mundo. Todos mis resortes se activaron al visitar el museo Nacional de Nápoles. Al entrar en el edificio, traspasando la bella puerta  centrada en una impresionante fachada, grandes estatuas de marmol me saludaban desde más allá del control de entradas. Este museo alberga la colección de Isabel de Farnesio, (esposa de Felipe V y madre de Carlos III que fué rey de Nápoles antes de ceñirse la corona española  y ceder el trono a su hijo Fernando IV) compuesta de  bellos mármoles greco-romanos y renacentistas; también acoge la colección egipcia de Estefano Borgia pero sobretodo atesora todos los hallazgos de las ciudades sepultadas por el Vesuvio: Pompeya, Herculano; Estabia y Boscoreale.
En la segunda planta, la sala de los mosaicos de Pompeya nos recibió con la bienvenida de las dos impresionantes columnas de mosaico halladas en la  casa del Fauno y al fondo, presidiendo,el gigantesco mural de  la batalla de Issos, de Alejandro Magno contra Darío, hecho con teselas de mármol de distintos colores. A medida que recorría la sala mi deleite iba aumentando. La sala estaba poblada de pequeñas o grandes maravillas que antaño habían tapizado los suelos de las casas pompeyanas. La belleza de las escenas, su colorido, captaban toda mi atención y la prendían de cada detalle.
Hubo una en particular que retuvo mi mirada durante largos minutos, se titulaba "La comedia de Menandro"y presentaba a unos cómicos en la calle que danzaban al tiempo que uno tocaba el Pandero, otra la flauta y un tercero, sorprendido medio agachado, golpeaba unos crótalos mientras un niño miraba. Minúsculas teselas de apenas dos milimetros de lado iban trazando la perfección de los pliegues, el  colorido, e iban tejiendo como pequeñas pinceladas un cuadro alegre y dinámico. La barba de uno, las vetas del pelo del otro, las alternancia del colorido del vestido de la mujer y la sombra del los pliegues en la túnica del niño son logradas maravillas que consiguen las pequeñas teselas disponiéndose  como largos gusanos que, retorciéndose, siguen los contornos que determinan el dibujo y se mezclan y separan aunando belleza y color.

Tras darnos un atracón de mosaicos, hicimos una parada obligada en el  Salón Meridiana , inmenso, con altas paredes llenas de bellas pinturas que rodean, como si de un bordado se tratara, las amplias  claraboyas  que inundan de luz el techo y desde el cual, una hermosa cúpula celestial se deleita en un suelo de filigrana de mármol de múltiples colores donde, las líneas de un reloj de sol, invadidas por los signos del zodíaco, cumplen su destino desde el ya lejano siglo XVIII.

Una vez traspasado este vestibulo de lujo, llegamos a la sala en la que,    como tesoros en la cueva de Alibabá, se alineaban los frescos de las casas pompeyanas.

 
Paredes enteras, arrancadas de las casas pompeyanas para ser contempladas , protegidas y admiradas entre esas paredes. Mientras bebía pintura tras pintura, sin que se me aplacase la sed, sino sintiendo agrietarse mi garganta por necesidad de ver mas y más, fuí captando entre unas y otras las pequeñas diferencias, de estilo, de color, de trazos y las breves líneas que informaban del nombre del cuadro y su procedencia me hacían anhelar poder verlos algún día, como copias, en las casas reconstruidas de Pompeya y... pertrechada
de un libro de historia y otro de mitólogía, comprender cada personaje, cada expresión, cada gesto.


Tras emborracharme de los frescos, corrí a imbuirme de los objetos cotidianos de las casas pompeyanas. Me ilusionó ver instrumentos quirurgicos nuevos, con puntas afiladas y mangos anatómicos. Me encantó ver tantas lucernas  diferentes, diseñadas para asombrar, para conseguir originalidad. Acostumbrada a  las típicas lamparillas de arcilla, verlas en bronce, inmaculadas,sin rastro de la erosión de los años, me resultó novedoso. Había una que representaba un pie masculino con sandalias y en el pulgar elevado, un orificio dejaba salir la mecha donde prendería la llama. La vajilla de la casa de Menandro, en plata, completa, con sus vasos, sus cuencos, sus jarras, sus fuentes y sus cucharas, mostraba su fulgor plateado a pesar de que algunas piezas estaban deformadas por el calor de los proyectiles lanzados por el Vesuvio.

Preciosa me pareció también la colección de objetos de vidrio pero es que yo, desde niña, siento fascinación por éste: me encanta el cristal y todo tipo de vidrio o materiales vidriados. En el albor de mis recuerdos, hay una niña en el colegio a mi lado con un pececito de cristal de colores(que con el tiempo reconocí como de Murano) al que lamía como si fuera un caramelo. Ante mi insistencia, me dejó chuparlo y aún recuerdo el placer de sentir la suavidad del vidrio al lamerlo y aún recuerdo la sensación de sus aristas redondeadas, sus bordes angulosos cuando, con mi lengua, acariciaba sus formas siguiendo su silueta y lo empujaba hasta dejarlo atrapado contra el paladar. Renuente, devolví el pez de cristal a mi amiga, no sin antes hacerle prometer que me regalaría otra de las muchas piezas que dijo poseer. Día tras día le recordaba su promesa pero ésta nunca se cumplía, así que acabé resignandome. Desde entonces, todo artículo de vidrio o cristal desencadena en mí, primero, el impulso de lamerlo y después, el de observar fascinada cómo la luz se va reflejando el sus curvas o descomponiendo en todos su ángulos. La colección de Pompeya no fué una excepción a mi fascinación , pero además, resignada  a los pequeños lagrimarios de vidrio a los que me tenían acostumbrada los museos, ver tanta redoma de gran tamaño, completa o reconstruida con primor, cuencos, platos, jarras,botellas con forma de cabeza humana...de tantos colores, azules, verdes, amarillos, nacarados e irisdicentes....fué una maravilla. Unas botellas, de un azul cobalto, conservaban una forma retorcída, hechizadas en un baile tortuoso, recuerdo del inmenso ardor y pasión con que el Vesuvio las envolvió en su abrazo....












Y por fin...seguí mi camino en pos de las estatuas de bronce de la Villa de los Papiros. Avancé entre gigantes de mármol y dulces sílfides de bellas curvas, deteniéndome en "El toro Farnesio", rescatado de las termas de Caracalla en Roma, en el "Hércules" de rostro pensativo y poderosos músculos y así, acariciando con la mirada la multitud de esculturas que no tenía tiempo de admirar, llegué hasta la sala que buscaba.                                                       
No creo que el impacto que me causaron los rostros esculpidos en bronce pueda causarlo jamás uno de mármol. El mármol  es demasiado suave , demasiado blanco para resultar impactante, pude sobrecogernos la belleza de las formas, su suavidad pero, para dotar a un rostro de una expresión...no hay como el bronce, como ESTOS bronces. El mármol es ciego, apenas es capaz de esbozar una pupila, pero estas estatuas oscuras , con su brillo satinado, me transmitían no sólo las facciones del individuo sino hasta la expresión de la mirada,  una mirada que te llegaba hasta dentro, una mirada casi viva,  como si el alma de su dueño se asomara por sus pupilas mostrando su personalidad...
Un botón de muestra...

Publio Cornelio Escipión, político y único general romano capaz de derrotar a Aníbal. Muchos elogios se han escrito de él y todos se reflejan en su mirada: Hombre de carácter benévolo, ideología liberal, valiente, inteligente, un genio militar, afable y magnánimo....Rostro sereno, mirada directa...


Séneca.Uno de los Senadores más respetados, admirados y envidiados de Roma. Destacó como pensador, orador, escritor y político y tuvo como mérito o demérito haber sido tutor y consejero de Nerón. Fue el máximo representante del estoicismo.Una mirada bastante más profunda y atormentada ...






Mientras miraba los rizos del bronce de un "Joven" cualquiera... no dejaba de pensar que apenas había tenido tiempo para atrapar un breve fulgor de toda la belleza contenida en este museo pero que, este destello, había sido suficiente para que pudiera encontrar... el camino de vuelta.



domingo, 13 de mayo de 2012

NÁPOLES


La Campania es una entrañable  mezcla de belleza, descuido, suciedad y encanto. A lo largo de estos días que he recorrido sus carreteras, sus ciudades, sus museos y sus paisajes no he podido dejar de sentirme divertida, extasiada, escandalizada, asombrada o enternecida.
Ayer pasamos el día en la playa, en Massa Lubrense. El plan era ir a Sorrento donde tomaríamos el barco a Capri,  pero treinta kilómetros de retención para entrar en la ciudad nos disuadieron de la idea original. Es asombroso que en un pais como Italia, mucho más rico que España y con grandes infraestructuras en el norte y centro del país, haya al menos una provincia en la que el 80 % de sus carreteras sean de una sola vía sin arcén. Los peatones caminan  por el borde de la calzada, por el lado derecho, como si prefirieran no ver al coche que va a atropellarlos por la espalda y en cualquier recta, una vendeja, incita a los compradores a parar en medio del único carril, interrumpiendo el ya lento transcurrir del tráfico.
Al final,disfrutamos de preciosos paisajes, vistas espectaculares y una playa pequeña, llena de guijarros pulidos sobre los que era imposible caminar sin zapatos y en la que había que pagar. A pesar de eso, mis niñas se divirtieron mucho.
Hoy hemos ido a Nápoles la tercera ciudad de Italia después de Roma y Milán. Nuestro objetivo era el Museo Arqueológico Nacional, donde se atesoran las joyas encontradas en Pompeya y Herculano entre otras. También aspirábamos a poder ver al menos una panorámica de la ciudad.
La entrada fué bastante decepcionante ya que accedimos por un barrio de fealdad suprema. Supongo que equivocaríamos el camino porque era un barrio gris, de edificios destartalados y sucios, decorados con persianas desvencijadas y ropa multicolor colgada de ventanas y balcones. A lo lejos sin embargo, se divisaban altos rascacielos, brillantes al sol,que lanzaban destellos plateados. Sabíamos que en el centro de la ciudad se alojaba un casco antiguo considerado patrimonio de la humanidad y que bajo nuestros pies todo un universo de túneles, canales y grutas se ocultaba. A medida que nos adentrábamos en la ciudad pensaba que Nápoles se parecía a una ostra: debes abrir y eludir una fea concha para poder llegar a la resplandeciente  perla que se oculta en su interior. Pero a través de su fealdad, Nápoles nos otorgaba detalles bellos a medida que nos zambullíamos en ella.
Nos adentramos en la ciudad por una avenida de cuatro carriles, adoquinada, que al recorrerla te producía una extraña sensación: al deslizarte por su superficie te daba la impresión de te habías trasladado al interior de una batidora tal era el ruido que producían los neumáticos al pasar sobre ellos y el balanceo al que nos veíamos sometidos en el interior del coche; pero al fijarte en la superficie no podías dejas de admirar el dibujo que formaban los adoquines: arcos entrelazados con maestría como si el constructor hubiera desenterrado de sus genes el amor por los mosaicos de sus antepasados.
Bellos edificios tachonados de objetos discordantes o grises bloques humanizados por el color de la colada tendida al sol, se íban sucediendo mientras nos aproximábamos al centro.
Contínuamente los contrastes me golpeaban :
Junto a la estación, la Piazza Garibaldi es una plaza de grandes dimensiones a la que hay que recorrer como si de un laberinto se tratara siguiendo una vía oculta trazada entre altas vallas que tratan de ocultar una obra gigantesca. Es curioso que uno nunca piensa qué aspecto debe tener una obra, pero en este caso, los sentimientos de desorden, descoordinación y caos que despertaba eran abrumadores, y estaban unidos a  una sensación de permanencia, como si la obra llevara  una eternidad y fuera a permanecer allí todavía durante una buena temporada.
En un edificio, dos atlantes sostenían con todos sus músculos contraídos por el esfuerzo, un balcón gigantesco. Lo contorsionado de sus cuerpos reflejaba un esfuerzo titánico,  pero sus pechos estaban cubiertos de una capa de polvo tan espesa y de tanto tiempo, que los transformaban en  peludos varones de pelo en pecho, arrancándoles de golpe todo rasgo de divinidad.
Por todas partes se vislumbraban detalles bellos, deseosos de ser captados por una cámara,  pero siempre acompañados de una valla, un andamio, una tela, un montón de basura o una capa de polvo. Es como si los napolitanos quisieran compartir con los turistas tan sólo retazos de la belleza que alberga su ciudad y la ocultaran tras suciedad y desorden, pero seguros  de que éstos, seguirán llegando desde todas partes del mundo para echarle un vistazo a sus tesoros. Y es cierto, porque por nada del mundo me hubiera perdido la visita al Museo Arqueológico Nacional.


Al salir del museo tratamos de llegar al puerto para visitar los dos castillos, el Nuovo y el de Ovo, pero un nuevo atasco de hora y media nos quitó las ganas y enfilamos hacia Pimonte con tan sólo una larga mirada al Castel Nuovo mientras, atrapados en el coche, esperábamos a que la larga fila avanzara....









viernes, 4 de mayo de 2012

HERCULANO

Hoy he visitado Herculano, más pequeña que Pompeya pero con sus propios tesoros. A diferencia de Pompeya aún se encuentra en su mayor parte enterrada bajo la actual Ercolano.







 En ella he vuelto a ver  casas completas con sus dos plantas , con divanes, puertas o camas; Termas con sus piscinas, vestuarios y taquillas y no deja de asombrarme verlas dos mil años después de construidas.



Múltiples detalles sorprenden en cada esquina: un dibujo de un pájaro con todos sus detalles, un techo abovedado, una pared que conserva intactos sus colores, un pasillo con el suelo original, con miles de piezas de mosaicos.









 Me quedo con las ganas de ver la Villa de los Papiros, la casa del suegro de Julio Cesar donde se encontraron 58 estatuas de bronce y 24 de mármol que ahora pueblan el museo arqueológico nacional de Nápoles.  En su bliblioteca se encontraron más de 1800 papiros carbonizados por el volcán cuyos textos se han recuperado en parte gracias a la técnica actual.
 Un multimillonario norteamericano, John Paul Getty , tan fascinado como yo, pero con mucho mas dinero, basándose en los planos de la excavación y las descripciones hechas por Webber, reprodujo la Villa en la Playa de Malibú con todos sus detalles...



¡Quién tuviera un chalecito asi...!

Después de comer vamos a visitar Sorrento. Nefasta decisión: hora y media para recorrer 15 kilometros. Pasamos el tiempo disfrutando de las vistas. Sorrento es una ciudad bonita y cuidada para lo que se estila en la Campania, pero con el mismo caos circulatorio.Volvemos a casa disfrutando de la puesta de sol sobre el Vesuvio.





sábado, 28 de abril de 2012









AMALFI
Hoy decidimos recorrer la Vía Amalfitana. Son los 19 kilómetros que separan Amalfi de Positano  y que son Patrimonio de la Humanidad… ¡como privarnos de esa maravilla!
Elegimos la ruta de la montaña, más corta y con seguridad, más interesante. Las montañas de esta zona tienen un curioso aspecto, como si una mano gigante hubiera tomado sus faldas y apretado hasta arrugarlas, formando pliegues verticales, profundas grietas que se tapizan de una vegetación tan espesa que parece musgo. Los árboles que cubren la montaña tienen el verde brillante de las hojas recién estrenadas y se funden con las pinceladas de color de las flores primaverales.
Sin prisas y ansiosos de disfrutar del paisaje, iniciamos el ascenso de las montañas. Atravesamos varios pueblos, de tráfico caótico, sin mayores sobresaltos. Cuando llegamos a la cima un paisaje sobrecogedor nos golpeó dejando todos nuestros sentidos atrapados: un azul infinito se extendía ante nosotros,  el turquesa del cielo pintaba su línea en contraste con el zafiro del mar. El sol derramaba destellos de oro sobre toda la superficie y el verde de la costa se sumergía  a veces en forma de acantilado, de forma abrupta, bruscamente, y otras  como una lengua, suave y lánguidamente… Pequeñas islas rompían en algunos puntos la infinita calma del mar. Una brisa fresca nos acariciaba y una mezcla de olores a mar y flores llegaba hasta nosotros. ¡ El placer del Paraíso debe ser algo parecido  a esto…!



Comenzamos el descenso extasiados y a los cinco minutos estábamos sobrecogidos pero no por la belleza del lugar…¡sino por el peligro de la carretera!  Imaginad una S interminable, con vueltas y vueltas, a la que presionáramos en vertical acercándolas tanto que los tramos entre vueltas se hacen paralelos. Al entrar en cada curva nos esperaba una sorpresa…un coche a toda velocidad invadiendo parte de la calzada…un autobús cargado de turistas que apenas podía tomar la curva sin echarnos fuera…un camión cargado de productos tóxicos que nos obligó a parar y cederle el paso …y otro camión,  y otro y otro…También atravesábamos pueblecitos cargados de encanto pero llenos de coches mal aparcados y de … motoristas suicidas. ¡De lo más emocionante! Cuando llegamos a la Vía Amalfitana la adrenalina corría a raudales por nuestras venas y hacía los colores más intensos y más dulce el olor del mar.




Amalfi es un pueblecito lleno de color, con una bella Catedral que lo domina todo desde su altura. Bullía de turistas. Dimos un paseo y nos tomamos un rico helado artesanal…













Amalfi, Atrani, Conca de Marini, Praiano y…Positano todos pasaron ante nuestros ojos unos colgados de la roca y otros tapizando colinas que lamían el mar pero todos recortando su silueta contra el azul inmenso. Quedan grabadas en mi retina las cúpulas coloridas de las iglesias, el blanco, rosa  y crema de las casas impresas sobre el verde de las montañas y el oro infinito del sol en el horizonte.








Positano está enclavado en una ladera de la montaña enseñando su bella cara al mar.Recorrimos sus calles retorcidas e inclinadas, y sus escaleras...en busca de la playa. Como  buen pueblo de costa, sus calles están llenas de tiendas coloridas y pérgolas de madera cubiertas de enredaderas las inundan de frescor y aroma a flores.


Hoy le he dado un festín a mis sentidos...



jueves, 26 de abril de 2012

POMPEYA

Nada de lo que había visto o escuchado sobre Pompeya  me había preparado para el impacto que he sentido al conocerla. No podía imaginar toda una ciudad, de miles de habitantes cada uno con su casa, miles de casas alineadas en calles con su calzada de gigantescas piedras, piedras heridas y marcadas por el paso de cientos de carros, con sus aceras elevadas y sus pasos de peatones.
Caminaba por sus calles mirando de reojo decenas de casas anónimas, en busca de los templos, llenos de altares, estatuas y símbolos; de las mansiones de los ciudadanos ricos, con sus columnas, sus jardines, sus estucos y sus frescos; del gigantesco Foro, con sus arcos de triunfo y sus edificios oficiales; de los teatros grandiosos y de acústica impecable; de la inmensa Palestra, del anfiteatro... 




A medida que caminaba y caminaba y veía lo inimaginable, me iban invadiendo sentimientos encontrados.
 Por una parte me sentía maravillada, como si de golpe me hubiera trasladado al cuento de la bella durmiente y entrara en un castillo dormido durante dos mil años. Ver el horno de la tahona, el mostrador de la taberna, los grafitis de las paredes, las tinajas, las mesas de los jardines, las pinturas de los salones, los decorados de las columnas, las camas de los prostíbulos y los dibujos eróticos que veían los clientes, las letrinas, los fogones…y los rostros de los antiguos moradores de la ciudad...algunos contorsionados, otros sonrientes, pero con sus rasgos marcados: sus narices aguileñas o sus prognatismos mandibulares; unos delgados, casi caquécticos, otros musculosos...



Por otro lado me invadían sentimientos de impotencia y de estafa. Me sentía impotente porque no podía abarcar todo lo que la ciudad mostraba y porque jamás vería lo que no mostraba y que se perdería para siempre. Me resultaba doloroso ver como piezas y edificios que en cualquier país del mundo estarían en museos con todas las medidas de seguridad aquí estaban sin protección: mosaicos desgranados cuyas teselas estaban al alcance de cualquiera que quisiera un souvenir de hace 2000 años, pinturas sometidas al contínuo bombardeo de los flashes, relieves de cornisas y columnas medio enterrados y sometido a la intemperie…Es como una maldición: tener un tesoro tan grande que no puedas protegerlo de los ladrones…
Me sentía estafada porque nada de lo que había ido a visitar durante años se aproximaba siquiera a la maravilla que supone Pompeya. He recorrido la ciudad como si de una actual se tratase y sé llegar desde la Puerta Marina, antes al borde del mar, hasta el templo de Apolo o al de Isis, sé ir al Foro, a las termas o a visitar a Menandro, sé ir a la panadería, al prostíbulo o al cementerio…y ¿cuantos lugares hay en el mundo como éste, en que el tiempo ha pasado sin dañar? El volcán destruyó, pero evitó otra  destrucción, la provocada por la incultura, el expolio y las guerras. Extendió un manto protector sobre edificios y enseres y nos dejó un retrato de costumbres y personas. 



                                        Aunque sólo sea por eso GRACIAS VESUVIO.







VIAJE A NÁPOLES 24 DE ABRIL A 1 DE MAYO DE 2012

VIAJANDO


Con el corazón acelerado inicio el martes 24 mi viaje a la Campania, provincia italiana donde residen mis objetivos: Pompeya, Herculano, La Via Amalfitana, Nápoles, Sorrento...Llevo mi maleta llena de planes, mi imaginación llena de visiones de paisajes absorbidos en internet, de parajes idealizados a partir de fotos...Siempre me ha asombrado cómo una imagen es capaz de despertar en mí el anhelo de viajar y cómo hasta que llego al lugar, aspiro su aliento, me sumerjo en sus sonidos, me impregno de sus detalles...no cede ese deseo.
Vuelo de Sevilla a Barcelona y tras un par de horas de espera...a Nápoles. Mis niñas no han sido muy latosas, por lo que desembarcamos de buen humor. Tras recoger el coche de alquiler...partimos hacia Pimonte. Es un pueblecito sin más mérito que el de estar en el centro de la península Sorrentina .He alquilado un piso con tres dormitorios en una casa con jardín privado, fundamental para que mi chiquita pueda retozar sin peligro. Me siento aliviada porque todas las reservas hechas desde hace meses por internet han funcionado.
Pasamos la tarde explorando el lugar, aprovisionando la despensa, organizando la casa...Mañana iremos a Pompeya.