AMALFI
Hoy
decidimos recorrer la Vía Amalfitana. Son los 19 kilómetros que separan Amalfi
de Positano y que son Patrimonio de la
Humanidad… ¡como privarnos de esa maravilla!
Elegimos
la ruta de la montaña, más corta y con seguridad, más interesante. Las montañas
de esta zona tienen un curioso aspecto, como si una mano gigante hubiera tomado
sus faldas y apretado hasta arrugarlas, formando pliegues verticales, profundas
grietas que se tapizan de una vegetación tan espesa que parece musgo. Los
árboles que cubren la montaña tienen el verde brillante de las hojas recién
estrenadas y se funden con las pinceladas de color de las flores primaverales.
Sin
prisas y ansiosos de disfrutar del paisaje, iniciamos el ascenso de las
montañas. Atravesamos varios pueblos, de tráfico caótico, sin mayores
sobresaltos. Cuando llegamos a la cima un paisaje sobrecogedor nos golpeó
dejando todos nuestros sentidos atrapados: un azul infinito se extendía ante
nosotros, el turquesa del cielo pintaba
su línea en contraste con el zafiro del mar. El sol derramaba destellos de oro
sobre toda la superficie y el verde de la costa se sumergía a veces en forma de acantilado, de forma
abrupta, bruscamente, y otras como una
lengua, suave y lánguidamente… Pequeñas islas rompían en algunos puntos la
infinita calma del mar. Una brisa fresca nos acariciaba y una mezcla de olores
a mar y flores llegaba hasta nosotros. ¡ El placer del Paraíso debe ser algo
parecido a esto…!
Comenzamos
el descenso extasiados y a los cinco minutos estábamos sobrecogidos pero no por
la belleza del lugar…¡sino por el peligro de la carretera! Imaginad una S interminable, con vueltas y
vueltas, a la que presionáramos en vertical acercándolas tanto que los tramos
entre vueltas se hacen paralelos. Al entrar en cada curva nos esperaba una
sorpresa…un coche a toda velocidad invadiendo parte de la calzada…un autobús
cargado de turistas que apenas podía tomar la curva sin echarnos fuera…un
camión cargado de productos tóxicos que nos obligó a parar y cederle el paso …y
otro camión, y otro y otro…También
atravesábamos pueblecitos cargados de encanto pero llenos de coches mal
aparcados y de … motoristas suicidas. ¡De lo más emocionante! Cuando llegamos a
la Vía Amalfitana la adrenalina corría a raudales por nuestras venas y hacía
los colores más intensos y más dulce el olor del mar.
Amalfi es un pueblecito lleno de color, con una bella Catedral que lo domina todo desde su altura. Bullía de turistas. Dimos un paseo y nos tomamos un rico helado artesanal…
Amalfi,
Atrani, Conca de Marini, Praiano y…Positano todos pasaron ante nuestros ojos unos colgados de la roca y otros tapizando colinas que lamían el mar pero todos recortando su silueta contra el azul inmenso. Quedan grabadas en mi retina las cúpulas coloridas de las iglesias, el blanco, rosa y crema de las casas impresas sobre el verde de las montañas y el oro infinito del sol en el horizonte.
Positano está enclavado en una ladera de la montaña enseñando su bella cara al mar.Recorrimos sus calles retorcidas e inclinadas, y sus escaleras...en busca de la playa. Como buen pueblo de costa, sus calles están llenas de tiendas coloridas y pérgolas de madera cubiertas de enredaderas las inundan de frescor y aroma a flores.
Hoy le he dado un festín a mis sentidos...
