sábado, 28 de abril de 2012









AMALFI
Hoy decidimos recorrer la Vía Amalfitana. Son los 19 kilómetros que separan Amalfi de Positano  y que son Patrimonio de la Humanidad… ¡como privarnos de esa maravilla!
Elegimos la ruta de la montaña, más corta y con seguridad, más interesante. Las montañas de esta zona tienen un curioso aspecto, como si una mano gigante hubiera tomado sus faldas y apretado hasta arrugarlas, formando pliegues verticales, profundas grietas que se tapizan de una vegetación tan espesa que parece musgo. Los árboles que cubren la montaña tienen el verde brillante de las hojas recién estrenadas y se funden con las pinceladas de color de las flores primaverales.
Sin prisas y ansiosos de disfrutar del paisaje, iniciamos el ascenso de las montañas. Atravesamos varios pueblos, de tráfico caótico, sin mayores sobresaltos. Cuando llegamos a la cima un paisaje sobrecogedor nos golpeó dejando todos nuestros sentidos atrapados: un azul infinito se extendía ante nosotros,  el turquesa del cielo pintaba su línea en contraste con el zafiro del mar. El sol derramaba destellos de oro sobre toda la superficie y el verde de la costa se sumergía  a veces en forma de acantilado, de forma abrupta, bruscamente, y otras  como una lengua, suave y lánguidamente… Pequeñas islas rompían en algunos puntos la infinita calma del mar. Una brisa fresca nos acariciaba y una mezcla de olores a mar y flores llegaba hasta nosotros. ¡ El placer del Paraíso debe ser algo parecido  a esto…!



Comenzamos el descenso extasiados y a los cinco minutos estábamos sobrecogidos pero no por la belleza del lugar…¡sino por el peligro de la carretera!  Imaginad una S interminable, con vueltas y vueltas, a la que presionáramos en vertical acercándolas tanto que los tramos entre vueltas se hacen paralelos. Al entrar en cada curva nos esperaba una sorpresa…un coche a toda velocidad invadiendo parte de la calzada…un autobús cargado de turistas que apenas podía tomar la curva sin echarnos fuera…un camión cargado de productos tóxicos que nos obligó a parar y cederle el paso …y otro camión,  y otro y otro…También atravesábamos pueblecitos cargados de encanto pero llenos de coches mal aparcados y de … motoristas suicidas. ¡De lo más emocionante! Cuando llegamos a la Vía Amalfitana la adrenalina corría a raudales por nuestras venas y hacía los colores más intensos y más dulce el olor del mar.




Amalfi es un pueblecito lleno de color, con una bella Catedral que lo domina todo desde su altura. Bullía de turistas. Dimos un paseo y nos tomamos un rico helado artesanal…













Amalfi, Atrani, Conca de Marini, Praiano y…Positano todos pasaron ante nuestros ojos unos colgados de la roca y otros tapizando colinas que lamían el mar pero todos recortando su silueta contra el azul inmenso. Quedan grabadas en mi retina las cúpulas coloridas de las iglesias, el blanco, rosa  y crema de las casas impresas sobre el verde de las montañas y el oro infinito del sol en el horizonte.








Positano está enclavado en una ladera de la montaña enseñando su bella cara al mar.Recorrimos sus calles retorcidas e inclinadas, y sus escaleras...en busca de la playa. Como  buen pueblo de costa, sus calles están llenas de tiendas coloridas y pérgolas de madera cubiertas de enredaderas las inundan de frescor y aroma a flores.


Hoy le he dado un festín a mis sentidos...



jueves, 26 de abril de 2012

POMPEYA

Nada de lo que había visto o escuchado sobre Pompeya  me había preparado para el impacto que he sentido al conocerla. No podía imaginar toda una ciudad, de miles de habitantes cada uno con su casa, miles de casas alineadas en calles con su calzada de gigantescas piedras, piedras heridas y marcadas por el paso de cientos de carros, con sus aceras elevadas y sus pasos de peatones.
Caminaba por sus calles mirando de reojo decenas de casas anónimas, en busca de los templos, llenos de altares, estatuas y símbolos; de las mansiones de los ciudadanos ricos, con sus columnas, sus jardines, sus estucos y sus frescos; del gigantesco Foro, con sus arcos de triunfo y sus edificios oficiales; de los teatros grandiosos y de acústica impecable; de la inmensa Palestra, del anfiteatro... 




A medida que caminaba y caminaba y veía lo inimaginable, me iban invadiendo sentimientos encontrados.
 Por una parte me sentía maravillada, como si de golpe me hubiera trasladado al cuento de la bella durmiente y entrara en un castillo dormido durante dos mil años. Ver el horno de la tahona, el mostrador de la taberna, los grafitis de las paredes, las tinajas, las mesas de los jardines, las pinturas de los salones, los decorados de las columnas, las camas de los prostíbulos y los dibujos eróticos que veían los clientes, las letrinas, los fogones…y los rostros de los antiguos moradores de la ciudad...algunos contorsionados, otros sonrientes, pero con sus rasgos marcados: sus narices aguileñas o sus prognatismos mandibulares; unos delgados, casi caquécticos, otros musculosos...



Por otro lado me invadían sentimientos de impotencia y de estafa. Me sentía impotente porque no podía abarcar todo lo que la ciudad mostraba y porque jamás vería lo que no mostraba y que se perdería para siempre. Me resultaba doloroso ver como piezas y edificios que en cualquier país del mundo estarían en museos con todas las medidas de seguridad aquí estaban sin protección: mosaicos desgranados cuyas teselas estaban al alcance de cualquiera que quisiera un souvenir de hace 2000 años, pinturas sometidas al contínuo bombardeo de los flashes, relieves de cornisas y columnas medio enterrados y sometido a la intemperie…Es como una maldición: tener un tesoro tan grande que no puedas protegerlo de los ladrones…
Me sentía estafada porque nada de lo que había ido a visitar durante años se aproximaba siquiera a la maravilla que supone Pompeya. He recorrido la ciudad como si de una actual se tratase y sé llegar desde la Puerta Marina, antes al borde del mar, hasta el templo de Apolo o al de Isis, sé ir al Foro, a las termas o a visitar a Menandro, sé ir a la panadería, al prostíbulo o al cementerio…y ¿cuantos lugares hay en el mundo como éste, en que el tiempo ha pasado sin dañar? El volcán destruyó, pero evitó otra  destrucción, la provocada por la incultura, el expolio y las guerras. Extendió un manto protector sobre edificios y enseres y nos dejó un retrato de costumbres y personas. 



                                        Aunque sólo sea por eso GRACIAS VESUVIO.







VIAJE A NÁPOLES 24 DE ABRIL A 1 DE MAYO DE 2012

VIAJANDO


Con el corazón acelerado inicio el martes 24 mi viaje a la Campania, provincia italiana donde residen mis objetivos: Pompeya, Herculano, La Via Amalfitana, Nápoles, Sorrento...Llevo mi maleta llena de planes, mi imaginación llena de visiones de paisajes absorbidos en internet, de parajes idealizados a partir de fotos...Siempre me ha asombrado cómo una imagen es capaz de despertar en mí el anhelo de viajar y cómo hasta que llego al lugar, aspiro su aliento, me sumerjo en sus sonidos, me impregno de sus detalles...no cede ese deseo.
Vuelo de Sevilla a Barcelona y tras un par de horas de espera...a Nápoles. Mis niñas no han sido muy latosas, por lo que desembarcamos de buen humor. Tras recoger el coche de alquiler...partimos hacia Pimonte. Es un pueblecito sin más mérito que el de estar en el centro de la península Sorrentina .He alquilado un piso con tres dormitorios en una casa con jardín privado, fundamental para que mi chiquita pueda retozar sin peligro. Me siento aliviada porque todas las reservas hechas desde hace meses por internet han funcionado.
Pasamos la tarde explorando el lugar, aprovisionando la despensa, organizando la casa...Mañana iremos a Pompeya.