También mi pasión por los viajes mana de esas fuentes y las primeras influencias la ejercieron mis padres.
Mi madre siempre ha sido una mujer valiente, dispuesta a cruzar media España con sus nueve hijos para que mi padre viera a su familia al menos una vez al año. A ella le encanta viajar y siempre aprovechábamos el viaje a Pinilla para conocer otras ciudades de España: Segovia, Salamanca, Soria, Ávila...fueron regalos que descubrimos juntos. Puede parecer tonto, hoy día todo el mundo se mueve, viaja, pero en los años 60 y 70 era de lo menos frecuente, al menos en mi entorno. De hecho, nosotros fuimos los primeros andaluces que vieron en Pinilla del Valle y los únicos durante muchos años.
Hoy, cuando hay quien se asombra de que con nuestro monovolumen y nuestras tres niñas exploremos y crucemos Europa durante todo un mes, yo pienso en mis padres y sonrío para mí, porque aquello sí que era asombroso , valiente y casi loco….
Mi padre influyó en mí de manera más sutil. Él no era especialmente viajero, pero amaba la Historia y en cada edificio, iglesia o monumento nos contaba una historia de la Historia. Era un apasionado de la Edad Media y un mundo de caballeros y castillos, armas, pendones y banderas, reyes e hidalgos poblaban sus historias. Hazañas y combates se iban derramando por los rincones de la ciudad mientras la descubría para nosotros. En los blasones y escudos de las fachadas nos enseñaba heráldica, en las iglesias y catedrales estilos arquitectónicos. Con el Gótico que nos impulsa al cielo, con lo recargado del Barroco y la elegancia del Renacimiento, con la inexpresividad del Románico, con el exotismo del Mudéjar me hizo ver el mundo con otros ojos y contribuyó a engancharme para el resto de mi vida al llamado “Turismo de Piedra”. Así pues, el Alcázar de Segovia se convirtió para mí en un palacio de princesas y la muralla de Ávila en un castillo interminable.
Mi padre se sentía integrado en la Historia: los que luchaban, construían o colonizaban eran nuestros antepasados y nosotros teníamos la obligación de transmitir esa Historia y engrandecerla con nuestros actos. Él sin duda lo hizo y engrandeció mi vida.
Hay un poema suyo que siempre me ha emocionado porque muestra esa pasión además de su profundo amor hacia nosotros.Es mi homenaje.
MI BLASÓN
A mis nueve hijos.
En mi escudo han brotado nueve flores
blancas, rojas, azules y amarillas.
Rosas fuertes de todas las Castillas;
Llamaradas de todos los colores..
Duros surcos abiertos con sudores,
acunaron la gleba en cien semillas,
y rompieron en broncas maravillas,
con el sol del amor de mis amores.
Levantad a los cielos la frontera,
altas torres de estirpe castellana,
que ha sonado en el cálido regazo
de vuestra alma ojival y sevillana,
el anuncio de nueva primavera,
vida, fuego y corona de mi abrazo
.


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