martes, 29 de diciembre de 2009

EL SÍNDROME DE ABSTINENCIA.

Aveces me pregunto como ha crecido en mi esta necesidad de viajar que necesito como si fuera una droga.Con el paso de los años he conseguido controlar el sindrome de abstinencia pero todavía recuerdo cuando me daban las crisis y la monotonía me abrumaba,borraba todo el colorido del dia a día con una bruma deprimente que me impulsaba a organizar otro viaje.Y vuelvo a sentir como droga corriendo por mis venas la excitación de la aventura,el placer de vivir lo desconocido . Descubrir nuevos paisajes, nuevas formas de pensar, de vivir, de hablar, de ver el mundo. Recrearme en edificios , en bosques , volcanes o selvas impenetrables. Montar en caballo, camello o elefante.Todo me va llenando de energía , de alegría de vivir que me dura meses hasta que vuelve a empezar.
El tiempo me ha enseñado a suavizar la ansiedad pero no ha mitigado el placer de viajar. En vez de viajes locos y arriesgados ahora navego por el mundo civilizado mientras engancho a mis hijas a la misma droga.No tengo remordimientos ,porque viajar abre las fronteras de la mente ,nos hace valorar lo que tenemos y anhelar llegar hasta donde otros llegaron, nos vacuna contra el racismo y la xenofobia y nos enseña a admirar otros pueblos y a otras culturas.
Lo único que me pesa tener que transmitirle a mis hijas es el sindrome de abstinencia.

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